Durante la promoción de su película “Un hombre por semana“, la actriz mexicana Ana de la Reguera sorprendió a todos al asegurar que ella, efectivamente, tiene un perfil en las apps de citas.
En medio de una era donde el amor parece depender de algoritmos, deslizamientos y matches, la conversación sobre si las apps de citas realmente funcionan sigue más vigente que nunca. Y después de que Ana de la Reguera confesara que utiliza estas plataformas para conocer a sus “prospectos”, la pregunta es inevitable: ¿son el mejor camino para encontrar una relación seria?
Para Gina Ulmos, quien llevó su experiencia al extremo con más de 200 citas documentadas en su libro Mis 200 Citas, la respuesta no es tan simple… pero sí es contundente.
“Las apps sí funcionan, pero si no tienes un plan, te desgastan”, dice en exclusiva a Us Weekly en Español. “No es que no sirvan, es que muchas personas entran sin estrategia y terminan perdiendo tiempo o saliendo lastimadas”.
La periodista y creadora de contenido —con más de 25 años de trayectoria en medios hispanos— no habla desde la teoría. Su método nace de la práctica: cientos de encuentros, conversaciones y aprendizajes tras su divorcio, que la llevaron a replantear completamente su forma de elegir pareja.
De hecho, uno de los mayores errores que detectó —y que reconoce haber cometido— fue “entretenerse con personas que no iban a ningún lado”.
“Desde la segunda cita yo ya estaba jalando la carreta”, confiesa. “Si no hay interés claro, si no hay reciprocidad, ahí no es. El hombre que te quiere ver, te busca, propone, aparece”.
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Tras las recientes declaraciones de Ana de la Reguera, 48, sobre su uso de apps, Ulmos —de 52 años— coincide en que estas plataformas pueden ser una herramienta válida, pero insiste en que no son mágicas.
“No lo vas a encontrar en la quinta o sexta cita. A mí me tomó más de 200. Hay gente que no tiene paciencia, y está bien. Pero si decides estar ahí, tienes que saber qué estás buscando”.
Más allá del número —impactante por sí solo— lo que hace relevante su historia es el proceso emocional detrás. Ulmos admite que al inicio estaba enfocada en lo superficial: estabilidad económica, apariencia, estatus.
“Pensé que con un buen trabajo, un buen carro, era suficiente… y no. Muchas veces eran los que peor ‘rating’ tenían”, dice entre risas. “Ahí entendí que estaba valorando cosas que no importaban”.
Ese cambio de mentalidad fue clave para, eventualmente, encontrar una relación sana. Y no sin antes cuestionarse profundamente, incluso en terapia.
“Una vez mi terapeuta me dijo: ‘Tú quieres un títere’. Y fue durísimo, pero cierto. Yo quería a alguien que se adaptara a todo lo que yo quería, sin cuestionar nada. Ahí entendí que también tenía que cambiar yo”.
Su historia, sin embargo, no es solo de introspección, sino también de intuición. En una de sus citas más importantes, estuvo a punto de descartar al hombre que hoy es su pareja… por algo tan trivial como sus zapatos.
“Cuando lo vi dije: ‘no, aquí no es’”, recuerda. “Pero terminando la cita me dolían los cachetes de tanto reírme. Era interesante, divertido, auténtico… y ahí entendí que muchas veces descartamos al correcto por razones equivocadas”.
Para Ulmos, ese tipo de errores son más comunes de lo que se cree, especialmente en un entorno donde las primeras impresiones están mediadas por fotos, filtros y expectativas irreales.
“Las mujeres nos producimos mucho para las fotos, pero los hombres no. Ellos suben cualquier imagen. Y cuando llegas a la cita, te llevas sorpresas… a veces buenas”, explica.
Entonces, ¿vale la pena intentarlo? Para ella, la respuesta depende de cada persona, pero con una condición clara: honestidad y conciencia.
“Hay que saber si realmente quieres una pareja. Porque si no, te vas a cansar. Yo tomaba pausas, hacía otras cosas, regresaba. Es un proceso”.
Hoy, su experiencia se ha convertido en una guía para otras mujeres que navegan el mundo del dating moderno, combinando storytelling con estrategia y aprendizaje emocional.
Su libro Mis 200 Citas está disponible actualmente en plataformas digitales y librerías en Estados Unidos y Latinoamérica.
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