“Ella convertía las sopas en cenas de lujo”, recordó el entrenador dominicano Rad López sobre su infancia, en una entrevista exclusiva con Us Weekly en Español. El coach estrella de Peloton habló con emoción y honestidad sobre sus orígenes, su conexión con la comunidad latina y cómo su madre, una mujer resiliente que lo crió sola en el Bronx, sigue siendo su mayor motor de inspiración.
Rad López, de 32 años, creció en Nueva York junto a su hermana, viendo cómo su mamá enfrentaba cada adversidad sin mostrarse vencida. “Nunca nos dejó ver sus momentos difíciles”, aseguró. Tras la muerte de su padre biológico cuando él tenía solo tres meses, su madre rehizo su vida, pero volvió a perder a su compañero años después. “Ella siempre nos mostró su fortaleza. Había días en que solo podía pagarnos sopitas, pero les ponía queso y nos hacía sentir que era un banquete”.
Ese sentido del esfuerzo transformado en motivación es hoy el centro de su mensaje como instructor. “Si un día no quiero hacer nada, pienso en ella. En todo lo que pasó. No tengo excusas”, afirmó. Rad no se presenta como un superhombre, sino como alguien que aprendió a empujar a pesar del cansancio, del miedo y la ansiedad. Y quiere que quienes lo siguen hagan lo mismo: “Yo quiero que salgas de mi clase diciendo: ‘¡Wow, yo hice eso!’”.

Su camino hacia Peloton fue tan inusual como inspirador. Trabajó de todo: stock boy en Target, lavaplatos en un restaurante, vendedor de electrónicos y limpiador de gimnasios. “Siempre estaba buscando cómo mejorar mi situación”, recordó. Su paso por Shadowbox —un estudio de boxeo en Nueva York— fue el punto de quiebre: de tímido y callado pasó a liderar clases grupales, aprendiendo a controlar la energía de la sala. Luego, durante la pandemia, empezó a dar clases por Instagram. “Tenía a 400 personas conectadas desde mi apartamento, con la música a todo lo que da y mis vecinos ya avisados”.
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Fue allí donde alguien de Peloton lo vio. “Creo que lo que más conectó fue el amor que le tengo a mi mamá. Esa historia tocó a todos”, dijo. Desde entonces, su ascenso ha sido meteórico, pero su esencia no cambió. “No me gusta dar clases suavecitas. Si querés relajarte, andate a la playa”, bromeó, y agregó: “Yo quiero que te diviertas haciendo algo difícil. Me inspiran los shows, la música, los artistas. A veces digo: soy Bad Bunny arriba del escenario”.

Rad no se limita al rol de coach. Le gusta la cerámica, leer a Junot Díaz y reflexionar sobre la salud mental. “Mi ansiedad viene de sentir que nunca es suficiente. Que tengo que seguir y seguir. Pero ahora hablo con un terapeuta. Ya no me guardo las cosas”. También quiere alentar a otros hombres latinos a hacer lo mismo. “Tenemos que hablar de lo que nos pesa, eso es lo que nos va a volver más fuertes”.
Sobre el amor, admite que su madre dejó la vara alta. “Me gustan las mujeres fuertes. Y ella también es exigente con mis parejas. Siempre me decía: ‘Raby, no te dejes coger de pendejo’”, contó entre risas. ¿Y ahora? “No estoy listo para revelar el misterio”, confiesa con una sonrisa pícara.
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