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Camila Ramón: de Pelotón al pop, sin miedo ni remordimientos (Exclusiva)

Camila Ramón
Camila RamónIsrael Riqueros I Gentileza

Camila Ramón nunca fue de quedarse quieta. La instructora argentina de Pelotón —una de las voces latinas más influyentes dentro del fitness digital— construyó una comunidad global a base de energía, autenticidad y mensajes de autoaceptación. Hoy, a sus 32 años, está dando un nuevo salto: el de la música. Y lo hace fiel a su esencia, sin fórmulas y sin miedo.

“Me daba terror lanzar mi música”, admite en entrevista con Us Weekly en Español, y reconoce que el proceso estuvo atravesado por muchas dudas. Sin embargo, hubo una idea que terminó imponiéndose sobre todo lo demás: “Lo más importante para mí es no vivir con remordimientos”, afirma con convicción.

Nacida en Argentina y criada entre su cultura de origen y la vida en Estados Unidos, Camila se consolidó como un referente dentro de Pelotón gracias a sus clases en español, su energía arrolladora y su capacidad de conectar emocionalmente con su audiencia. Con más de 500 mil seguidores entre Instagram y TikTok, su impacto trasciende el fitness: es una figura que habla de bienestar integral, identidad y comunidad. Ahora, esa misma filosofía se traslada a un nuevo lenguaje.

Para ella, este paso no implica abandonar lo anterior, sino expandirlo. “Es una extensión muy orgánica de lo que ya venía haciendo”, explica, al tiempo que enfatiza su propósito: “Quiero que la gente se sienta bien, que tenga una linda experiencia en su día… y la música tiene mucho que ver con eso”. Su relación con el sonido viene de toda la vida: cantaba de chica, bailó profesionalmente durante años y siempre encontró en la música un refugio emocional. Pero fue en un momento más reciente cuando ese vínculo tomó otra dimensión.

Camila Ramón
Camila Ramón en el estudio de Us Weekly Us Weekly

“Hubo una etapa en la que sentí que había perdido la conexión con el movimiento”, recuerda. “Y cuando empecé a cantar, encontré de nuevo esa conexión conmigo misma”. A partir de ahí, el proceso creativo empezó a ocupar un lugar mucho más íntimo. “La música es mucho más vulnerable, mucho más honesta”, reflexiona. “Es otra Camila, una que la gente quizás no conocía”.

Ese nivel de exposición también trajo desafíos. Dar el salto hacia la música implicó enfrentarse a la posibilidad del juicio externo y a sus propias inseguridades. “Pensaba que capaz no iba a poder tolerar lo que la gente dijera”, confiesa. Con el tiempo, sin embargo, reformuló esa mirada: “Si dejamos que la opinión de los demás dicte nuestras vidas, nunca vamos a hacer lo que realmente queremos”, sostiene, en línea con los mensajes que comparte desde hace años en sus clases.

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Hasta ahora, Camila ha lanzado varios sencillos como solista, entre ellos “No hay fotos” —su debut— y el más reciente “24/7”, una canción de amor luminosa con influencias de pop latino y ritmos bailables que remiten a sus raíces entre Argentina y Miami. En esta etapa, se permite indagar sin encasillarse. “Todavía estoy explorando”, reconoce sobre su identidad musical, aunque marca una constante: “Siempre hay algo de música electrónica mezclada con lo latino, porque es lo que me gusta escuchar”.

“24/7” ocupa un lugar especial dentro de su repertorio, no solo por su sonido sino por su origen. “La escribí pensando en el amor de mi vida”, revela sobre su relación con su esposo, Luciano. La inspiración nace de escenas simples pero significativas: “Cada vez que la escucho, tengo como un video mental de nosotros bailando en la cocina”, comparte, evocando esa intimidad cotidiana. Con este tema, su intención es clara: “Quiero que la gente la escuche y se sienta envuelta en amor, que le cambie el mood y que la haga moverse”.

En medio de esta nueva etapa, hay algo que se mantiene intacto: su conexión con la comunidad. La base de seguidores que construyó desde Pelotón sigue siendo el centro de todo lo que hace. “Lo que más me apasiona es hacer que la gente se sienta bien”, asegura, reafirmando su motor principal. Aunque no sabe exactamente cómo evolucionará esa audiencia dentro de su faceta musical, mantiene la misma lógica de cercanía: “Siempre los traté como familia y voy a seguir haciendo lo mismo”, señala.

Hoy, más que trazar un plan rígido, elige moverse con apertura. “Estoy en una etapa de decirle que sí a todo”, cuenta. “De probar, de equivocarme, de vivir”. Esa disposición la lleva a confiar en el proceso sin necesidad de controlar cada paso. “Cuando uno se abre, la vida te lleva a donde tiene que ir”, reflexiona.

El destino todavía no está definido, pero hay algo que Camila Ramón tiene claro desde el inicio de este camino: “Quiero pasarla bien”.

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