El mundo del entretenimiento amaneció de luto tras confirmarse la muerte de Eduardo Manzano, uno de los pilares indiscutibles de la comedia mexicana y figura eterna del icónico dúo Los Polivoces. Su fallecimiento fue revelado por su hijo, Eduardo, a través de un mensaje profundamente emotivo en Instagram que rápidamente se viralizó, provocando una ola de condolencias de colegas, figuras públicas y fanáticos que crecieron con su humor.
En su publicación, el hijo del comediante escribió un sentido homenaje que resume la huella imborrable de su padre:
“Hoy el escenario de la vida ha bajado el telón. Mi padre, un comediante querido por miles y un ser humano admirado por todos los que lo conocieron, ha partido de este mundo. Fue un hombre extraordinario, bondadoso, inteligente y con un corazón tan grande como su talento”.
Eduardo Manzano, nacido el 18 de julio de 1938, formó parte fundamental de la época dorada de la televisión mexicana. Su talento estalló en los años 60 cuando, junto a Enrique Cuenca, dio vida a Los Polivoces, un programa que redefinió el humor, la sátira y la creación de personajes. Su capacidad para transformarse, modular voces y construir sketches memorables lo convirtió en un referente absoluto. Juntos crearon una larga lista de personajes que se convirtieron en parte del ADN cultural del país y que siguen siendo recordados por varias generaciones.
El legado artístico de Manzano no se limitó a la televisión. También brilló en cine, doblaje y teatro, demostrando una versatilidad que lo mantuvo vigente por más de seis décadas. Su trabajo se distinguió por un humor limpio, inteligente y profundamente humano. Para muchos comediantes actuales, Manzano fue un maestro silencioso: una guía de cómo observar, imitar, exagerar y, sobre todo, conectar con la audiencia desde la honestidad del personaje.
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La publicación de su hijo continuó con palabras que ofrecieron un vistazo íntimo a la vida fuera de los reflectores:
“Detrás de cada chiste había un trabajador incansable, detrás de cada aplauso había un ser humano que amaba profundamente lo que hacía, y detrás de cada sonrisa siempre hubo un padre que nos enseñó a reír incluso en los momentos más difíciles”.
En su faceta personal, Eduardo Manzano siempre se mantuvo cercano a su familia. Su hijo lo describió como un hombre de inmensa bondad y dedicación, alguien que daba más de lo que recibía y que encontraba plenitud en hacer reír a los demás, incluso durante los momentos más complejos de su vida.
El mensaje concluyó con una despedida que conmovió a miles de seguidores:
“Su legado no solo vive en los escenarios que iluminó, sino en las personas que transformó con una sonrisa. Gracias papito hermoso, por cada enseñanza y por haber hecho de nuestras vidas tu obra maestra. Hoy el mundo te aplaude de pie una vez más. Descansa en paz”.
La partida de El Polivoz marca el fin de una era en la comedia mexicana. Eduardo Manzano deja tras de sí un archivo inmenso de personajes, rutinas y momentos televisivos que definieron el humor nacional durante muchas décadas. Su influencia está presente en cada actor, cada imitador, cada comediante que busca provocar una carcajada desde la creatividad y la nobleza.
El país despide a un gigante.
Pero su risa —esa que llenó hogares completos por generaciones— quedará para siempre.
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